Octubre llegó como siempre,
sin hacer preguntas.
Traía el mismo olor a tarde tranquila,
a hojas cayendo despacio
donde nadie mira.
Las horas pasaron suaves,
como si supieran
que no hacía falta tocarlas demasiado.
Había algo en el aire
que no se puede explicar,
pero que entonces
parecía quedarse para siempre.
No era felicidad,
tampoco tristeza,
era ese punto intermedio
donde todo encaja
sin necesidad de entenderlo.
Y ahora, cuando vuelve octubre,
no busco nada,
no espero nada,
pero hay días
que siguen sabiendo igual.

No hay comentarios:
Publicar un comentario